a su libre albedrío en cuanto les dais la más mínima oportunidad”.
—Ay, pero —respondió el prior Aymer—, cada tierra tiene sus propios modales y costumbres; y, además de que apurar a este sujeto no nos habría procurado ninguna información respecto al camino a la casa de Cedric, habría provocado con seguridad una disputa entre usted y él si hubiésemos encontrado nuestro camino hasta allí.
Recuerde lo que le dije: este acaudalado franklin es orgulloso, feroz, celoso e irritable, un opositor de la nobleza, y aun de sus vecinos, Reginald Front-de-Boeuf y Philip Malvoisin, que no son nenes con quien medirse.
Defiende con severidad los privilegios de su raza, y está tan orgulloso de su ininterrumpida descendencia de Hereward, un renombrado paladín de la Heptarquía, que universalmente se le llama Cedric el Sajón; y presume de pertenecer a un pueblo del cual muchos otros se esfuerzan por ocultar su ascendencia, no sea que les toque una parte del vae victis, o de las severidades impuestas a los vencidos.