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XV

era el temor que más obsesionaba las mentes de sus cómplices, trataba audazmente dicho suceso, de llegar a producirse realmente, como uno que no debía

—Si Ricardo regresa —dijo Fitzurse—, regresa para enriquecer a sus necesitados y empobrecidos cruzados a expensas de quienes no le siguieron a Tierra Santa. Regresa para exigir una terrible rendición de cuentas a aquellos que, durante su ausencia, hayan cometido cualquier acto que pueda interpretarse como ofensa o usurpación, ya sea contra las leyes del reino o contra los privilegios de la corona. Regresa para vengar en las Órdenes del Temple y del Hospital la preferencia que mostraron hacia Felipe de Francia durante las guerras en Tierra Santa. Regresa, en fin, para castigar como rebelde a todo partidario de su hermano el príncipe Juan. ¿Teméis acaso su poder? —continuó el astuto confidente de dicho príncipe—; le reconocemos como un caballero fuerte y valiente, pero ya no son los tiempos del rey Arturo, cuando un solo paladín podía enfrentarse a un ejército. Si Ricardo en verdad regresa, ha de hacerlo solo, sin séquito, sin amigos. Los huesos de su valiente ejército han blanqueado las arenas de Palestina. Los pocos de sus seguidores que han regresado han llegado hasta aquí rezagados como este Wilfredo de Ivanhoe, hombres arruinados y quebrantados. ¿Y qué habláis del derecho de primogenitura de Ricardo?

prosiguió, en respuesta a aquellos que oponían reparos a ese respecto. > “¿Es el título de primogenitura de Ricardo más decididamente cierto que el del duque Roberto de Normandía, el hijo mayor del Conquistador? Y, sin embargo, Guillermo el Rojo y Enrique, su segundo y tercer hermano, fueron preferidos sucesivamente a él por la voz de la nación; Roberto tenía todos los méritos que pueden alegarse en favor de Ricardo; era un caballero audaz, un buen líder, generoso con sus amigos y con

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