judío —dijo el caballero con severidad—. Si estuvieras ahora en tu cámara del tesoro en York, y yo te suplicara un préstamo de tus séquelos, te correspondería a ti dictar el plazo del pago y la garantía de seguridad. Esta es mi cámara del tesoro. Aquí te tengo en ventaja, ni volveré a dignarme a repetir los términos bajo los cuales te concedo la libertad.
El judío gimió profundamente.—«Concededme», dijo, «al menos con mi propia libertad, la de los compañeros con los que viajo. Me despreciaron por judío, mas se apiadaron de mi desolación, y por haberse detenido a ayudarme en el camino, una parte de mi desgracia ha recaído sobre ellos; además, pueden contribuir en cierto modo a mi rescate».
—Si te refieres a esos villanos sajones —dijo Front-de-Boeuf—, su rescate dependerá de otros términos que no son los tuyos. Ocúpate de tus propios asuntos, judío, te lo advierto, y no te metas en los de los demás.