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XIII

fuera mi última hora de poder, sería una hora consagrada a la venganza y al placer; que los nuevos cuidados lleguen con el nuevo día de mañana.”

El sonido de las trompetas no tardó en hacer volver a aquellos espectadores que ya habían comenzado a abandonar el campo; y se proclamó que el príncipe Juan, llamado repentinamente por altos y perentorios deberes públicos, se veía en la obligación de suspender los festejos del torneo del día siguiente:

No obstante, como no quería que tantos buenos hombres libres se marcharan sin una prueba de destreza, tenía a bien disponer que, antes de abandonar el terreno, se llevara a cabo de inmediato la competición de arquería prevista para el día de mañana.

Al mejor arquero se le otorgaría un premio, consistente en una corneta de caza con guarnición de plata y un tahalí de seda ricamente adornado con un medallón de san Huberto, patrón de la caza.

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