dedo meñique del guante de mi pariente Wilfredo que toda mi persona. Ahí está ella para confirmarlo... No, no os sonrojéis, parienta, no hay vergüenza en amar a un cortés caballero más que a un hacendado rústico; y no os riáis tampoco, Rowena, porque la mortaja y un semblante demacrado son, Dios sabe, motivo de poca risa... No, si a la fuerza queréis reír, os buscaré una broma mejor... Dame tu mano, o más bien préstamela, pues solo te la pido en son de amistad. —Aquí, primo Wilfredo de Ivanhoe, en vuestro favor renuncio y abjuro... ¡Eh! ¡Por San Dunstan, nuestro primo Wilfredo ha desaparecido! —Sin embargo, a menos que mis ojos sigan deslumbrados por el ayuno que he padecido, le vi estar ahí hace apenas un momento.
Todos miraron entonces a su alrededor y preguntaron por Ivanhoe, pero este había desaparecido. Al fin se descubrió que un judío había ido a buscarlo y que, tras una breve conferencia, había pedido a Gurth y su armadura, y había abandonado el castillo.