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desdeñáis aceptar de él parte alguna del rescate en que habéis tasado las armas de los otros caballeros, debo dejar aquí su armadura y su caballo, estando bien seguro de que jamás se dignará montar el uno ni vestir la otra.

—Has hablado bien, buen escudero —dijo el Caballero Desheredado—, bien y con audacia, como corresponde hablar a quien responde por un amo ausente. No dejes, sin embargo, el caballo y la armadura aquí. Devuélveselos a tu amo; o, si desdeña aceptarlos, consérvalos, buen amigo, para tu propio uso. En la medida en que me pertenecen, te los cedo libremente.

Baldwin hizo una profunda reverencia y se retiró con sus compañeros; y el Caballero Desheredado entró en el pabellón.

—Hasta aquí, Gurth —dijo, dirigiéndose a su asistente—, la reputación de la caballería inglesa no ha sufrido en mis manos.

—Y yo —dijo Gurth—, para ser un porquerizo sajón, no he

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