irregular, que constaba de varios patios o recintos y abarcaba una considerable extensión de terreno; y aunque su tamaño denotaba que su habitante era una persona acaudalada, difería por completo de las construcciones altas, provistas de torrecillas y almenas, en las que residía la nobleza normanda, y que se habían convertido en el estilo arquitectónico universal en toda Inglaterra.
Rotherwood no carecía, sin embargo, de defensas; ninguna vivienda, en aquel turbulento periodo, habría podido prescindir de ellas sin correr el riesgo de ser saqueada e incendiada antes de la mañana siguiente.
Un foso profundo rodeaba todo el edificio y estaba lleno de agua procedente de un arroyo cercano. Una estacada doble, compuesta por maderos puntiagudos que la selva adyacente proporcionaba, defendía los bordes exterior e interior del foso.
Había una entrada por el oeste a través de la estacada exterior, la cual se comunicaba por medio de un puente levadizo con una abertura similar en las defensas interiores. Se habían tomado ciertas precauciones para situar estas entradas bajo la protección de ángulos salientes, desde los cuales podían ser defendidas por arqueros o honderos en caso de necesidad.
Ante esta entrada, el Templario tocó su cuerno con fuerza; pues la lluvia, que hacía tiempo amenazaba, comenzó a caer ahora con gran violencia.