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XVI

un pobre peregrino desorientado en estos bosques, que os brinda la oportunidad de ejercer vuestra caridad y hospitalidad.

—Buen hermano —respondió el habitante de la ermita—, ha placido a Nuestra Señora y a san Dunstan destinarme a ser el objeto de tales virtudes, y no a su ejercicio. No tengo aquí provisiones que un perro quisiera compartir conmigo, y un caballo de delicada crianza despreciaría mi lecho; sigue, pues, tu camino, y que Dios te acompañe.

—Pero ¿cómo —respondió el caballero—, es posible que yo encuentre el camino a través de un bosque como este, cuando se echa encima la oscuridad? Le ruego, reverendo padre, que, como cristiano que es, abra su puerta y al menos me indique el camino.

—Y os ruego, buen hermano cristiano —respondió el anacoreta—, que no me turbéis más. Ya habéis interrumpido un pater, dos aves y un credo, que yo,

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