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XXX

propio pecho, y en el de una más⁠—la temptadora, la partícipe de mi culpa.⁠—¡Vete, déjame, demonio! y busca a la bruja sajona Ulrica, que es la única que pudo decirte lo que ella y yo solos presenciamos.⁠—¡Vete, te digo, con ella, que lavó las heridas, y enderezó el cadáver, y dio al hombre asesinado la apariencia externa de uno que partió a su tiempo y en el curso de la naturaleza⁠—¡Vete con ella, ella fue mi temptadora, la infame instigadora, la más infame remuneradora del crimen⁠—¡deja que ella, así como yo, pruebe los tormentos que se anticipan al infierno!

“Ella ya los saborea —dijo Ulrica, interponiéndose ante el lecho de Front-de-Boeuf—; ella ha bebido de este cáliz largo tiempo, y su amargura se endulza ahora al ver que tú lo compartes.⁠—¡No crujas los dientes, Front-de-Boeuf⁠—no pongas los ojos en blanco⁠—no cierres el puño, ni me lo amenaces con ese gesto!⁠—¡La mano que, como la de tu ilustre antepasado que te dio el nombre, habría podido partir de un solo golpe el cráneo de un toro montés, está hoy tan debilitada e impotente como la mía!”.

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