conversación, se puso a escribir sobre un pedazo de papel que apoyaba en la parte superior de su gorro amarillo, sin des desmontar de su mula. Cuando hubo terminado, entregó el rollo, que estaba en caracteres hebreos, al peregrino, diciendo—: En la ciudad de Leicester todos conocen al rico judío, Kirjath Jairam de Lombardía; entrégale este rollo; tiene a la venta seis arneses de Milán, el peor de los cuales le vendría bien a una cabeza coronada, diez hermosos bridones, el peor de los cuales podría montar un rey, si tuviera que luchar por su trono. De entre ellos te dará a elegir, con todo lo demás que pueda equiparte para el torneo; cuando este termine, se los devolverás sanos y salvos, a menos que tengas con qué pagar su valor al propietario.
—Pero, Isaac —dijo el Peregrino, sonriendo—, ¿acaso sabes que en estos juegos las armas y el corcel del caballero que es desmontado pasan a ser propiedad de su vencedor? Ahora bien, puedo tener mala suerte y perder así lo que no puedo reemplazar ni pagar.
El judío pareció un tanto asombrado ante esta posibilidad; pero, reponiendo su