de castillos, que eran todos normandos, ofrece una sólida prueba de los excesos de que eran capaces cuando sus pasiones se inflamaban. > “Oprimieron gravemente al pobrerío construyendo castillos; y cuando estos estuvieron construidos, los llenaron de hombres malvados, o más bien demonios, que apresaron a hombres y mujeres que imaginaban poseían algún dinero, los arrojaron a prisión y los sometieron a torturas más crueles que las que jamás soportaron los mártires. Asfixiaron a algunos en el fango y suspendieron a otros por los pies, o por la cabeza, o por los pulgares, encendiendo fuegos debajo de ellos. A algunos les apretaron las cabeza con cuerdas nudosas hasta perforarles los sesos, mientras que a otros los arrojaron a calabozos infestados de serpientes, culebras y sapos”. Pero sería cruel hacer pasar al lector por la pena de leer el resto de esta
Como otro ejemplo de estos amargos frutos de la conquista, y quizás el más fuerte que pueda citarse, podemos mencionar que la princesa Matilde, a pesar de ser hija del rey de Escocia, y posteriormente reina de Inglaterra, sobrina de Edgar Atheling y madre de la emperatriz de Alemania —hija, esposa y madre de monarcas—, se vio obligada, durante su temprana residencia para su educación en Inglaterra, a tomar el velo de monja como único medio de escapar de la persecución licenciosa de los nobles normandos. Esta excusa la expuso ante un gran concilio del clero de Inglaterra como la única razón por la cual había tomado el hábito religioso.
El clero reunido admitió la validez de la súplica y la notoriedad de las circunstancias en las que se fundaba, dando así un testimonio indubitable y muy notable de la existencia de aquella licenciosa desvergüenza que manchaba aquella época.