—¿Y esto fue todo lo que dijo? —preguntó Ivanhoe—; ¿no diría cualquiera que este Príncipe invita a los hombres a la traición con su clemencia?
—Exactamente igual —replicó el conde—, que puede decirse que el hombre invita a la muerte cuando emprende un combate teniendo una herida peligrosa sin sanar.
—Os perdono la broma, señor conde —dijo Ivanhoe—; pero recordad que yo arriesgué tan solo mi propia vida; Ricardo, el bienestar de su reino.
—Aquellos —respondió Essex—, que son especialmente descuidados con su propio bienestar, rara vez prestan notable atención al de los demás. Pero apresurémonos al castillo, pues Ricardo medita castigar a algunos de los miembros subalternos de la conspiración, aunque ha perdonado a su cabecilla.
De las investigaciones judiciales que siguieron a esta ocasión, y que se exponen extensamente en el Manuscrito de Wardour, se desprende que Maurice de Bracy huyó allende los mares y entró al servicio de Felipe de Francia; mientras que Philip de Malvoisin y su hermano Albert, elpreceptor de Templestowe, fueron ejecutados, aunque Waldemar Fitzurse, el alma de la conspiración, salió librado con el destierro; y el príncipe Juan, en cuyo beneficio se había emprendido, ni siquiera fue censurado por su bondadoso hermano.
Nadie, sin embargo, se compadeció de la suerte de los dos Malvoisin, quienes solo sufrieron la muerte que ambos se habían ganado a pulso por numerosos actos de falsedad, crueldad y opresión.
Poco después del combate judicial, Cedric el Sajón fue convocado a la corte de Ricardo, la cual, con el propósito de pacificar los condados que