CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/IvanhoePublic
EspañolEnglish
Página 127 de 712
Table of Contents

VII. Caballeros

Caballeros, con largo séquito de escuderos, Con vistosas livreas marchan y trajes singulares; Uno abrochaba el yelmo, otro sostenía la lanza, Un tercero el brillante pavés avanzaba. El corcel hozaba el suelo con pies inquietos, Y resoplando espumaba y mordía el freno de oro. Herreros y armeros montan en palafrenes, Limas en las manos, y martillos al costado; Y clavos para lanzas sueltas, y correas para escudos proveen. Los ballesteros guardan las calles en vistosas bandas; Y patanes acuden en tropel, con garrotes en las manos.

La condición de la nación inglesa era por entonces bastante miserable. El rey Ricardo estaba ausente, hecho prisionero y en poder del pérfido y cruel duque de Austria. Hasta el lugar mismo de su cautiverio era incierto, y su destino, muy imperfectamente conocido por la generalidad de sus súbditos, quienes eran, entretanto, presa de toda clase de opresión subalterna.

El príncipe Juan, en contubernio con Felipe de Francia, el enemigo mortal de Ricardo Corazón de León, estaba empleando toda clase de influencias ante el duque de Austria para prolongar el cautiverio de su hermano Ricardo, a quien tanto debía. Entre tanto, iba fortaleciendo su propia facción en el reino, cuya sucesión se proponía disputar, en caso de la muerte del rey, al heredero legítimo, Arturo, duque de Bretaña e hijo de Godofredo Plantagenet, el hermano mayor de Juan. Esta usurpación, como es bien sabido, la llevó a cabo más tarde.

Siendo su propio carácter voluble, libertino y pérfido, Juan atrajo fácilmente a su persona y a su bando no solo a todos los que tenían

127