—¿Cómo es eso, padre fraile —replicó Front-de-Boeuf—, que vuestro discurso, según me parece, sabe a lengua sajona?
—Me crié en el convento de San Withold de Burton —respondió Cedric.
—¿Ay? —dijo el barón—; mejor te habría sido haber nacido normando, y mejor también para mis propósitos; pero la necesidad no elige mensajeros. Ese convento de San Withold de Burton es un nido de mochuelos digno de ser saqueado. Pronto llegará el día en que la cogulla proteja al sajón tan poco como la cota de malla.
—Hágase la voluntad de Dios —dijo Cedric con voz temblorosa de pasión, que Front-de-Boeuf atribuyó al miedo.
—Comprendo —dijo él—, ya estás soñando con que nuestros hombres de armas están en tu refectorio y en tus bodegas de cerveza. Pero hazme un favor propio de tu santo oficio, y, venga lo que viniere de los demás,