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XXXVIII

«Rebecca, judía, hija de Isaac de York, estando acusada de hechicería, seducción y otras prácticas condenables, ejercidas sobre un caballero de la más Santa Orden del Temple de Sión, lo niega todo; y afirma que el testimonio rendido contra ella en el día de hoy es falso, inicuo y desleal; y que, mediante legítima excusa de su persona por hallarse incapaz de combatir por sí misma, ofrece, por medio de un campeón en su lugar, sostener su causa, cumpliendo él con su leal deber a la usanza caballeresca, con las armas que al desafío de combate corresponden plenamente, y ello a su propio riesgo y costa. Y con esto ofreció su prenda».

Y habiendo sido entregada la prenda al noble señor y caballero, Brian de Bois-Guilbert, de la Sagrada Orden del Temple de Sión, fue designado para librar este combate, en nombre de su Orden y en el suyo propio, por considerarse agraviado y perjudicado por las maquinaciones del apelante.

Por lo cual el reverendísimo Padre y poderoso Señor, Lucas, marqués de Beaumanoir, admitió el dicho desafío y la dicha excusa por enfermedad del cuerpo del apelante, y señaló el tercer día para el dicho combate, siendo el lugar el recinto llamado las liza de San Jorge, cerca de la Preceptura de Templestowe.

Y el Gran Maestre emplaza a la apelante para que comparezca allí por medio de su campeón, bajo pena de perdición, como persona convicta de hechicería o seducción; y asimismo a la demandada para que comparezca de igual modo, bajo la penalidad de ser tenida y juzgada por cobarde en caso de incomparecencia; y el noble Señor y reverendísimo Padre antes dicho señaló el combate para que se lleve a cabo en su propia presencia, y de acuerdo con todo lo que es loable y provechoso en tal caso. ¡Y que Dios socorra la justa causa!

—¡Amén! —dijo el Gran Maestre; y la palabra fue repetida por todos los presentes. Rebeca no habló, pero miró al cielo y, cruzando las manos,

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