—Así es. Le agradeceré mucho que me dé un billete. Debo llegar a Pretoria hoy.
Él sonrió y, movido a compasión, dijo:
“No soy un transvaaler. Soy holandés. Aprecio sus sentimientos y cuenta con mi simpatía. De verdad quiero darle un billete, con una sola condición, sin embargo: que, si el revisor le pide que se mude a tercera clase, no me meta en el asunto; con esto quiero decir que no emprenda acciones contra la compañía ferroviaria. Le deseo un buen viaje. Veo que usted es un caballero”.
Con estas palabras sacó el billete. Le di las gracias y le ofrecí las garantías necesarias.
Sheth Abdul Gani had come to see me off at the station. The incident gave him an agreeable surprise, but he warned me saying:
“I shall be thankful if you reach Pretoria all right. I am afraid the guard will not leave you in peace in the first class, and even if he does, the passengers will not.”
Tomé asiento en un compartimento de primera clase y el tren se puso en marcha. En Germiston, el guarda vino a revisar los billetes. Se enfadó al verme allí y me indicó con el dedo que fuera a la tercera clase. Le enseñé mi billete de primera clase.
«Eso no importa —dijo—, múdese a la tercera clase».
No había más que un pasajero inglés en el compartimento. Reprendió al revisor. > «¿Qué se cree que hace molestando al caballero? —dijo—. ¿No ve que tiene un billete de primera clase? A mí no me importa en absoluto que viaje