En el Congreso
Al fin en el Congreso. El inmenso pabellón y los voluntarios en solemne formación, así como los ancianos sentados en el estrado, me abrumaron. Me pregunté dónde estaría yo en aquella vasta asamblea.
El discurso presidencial era un libro en sí mismo. Leerlo de cabo a rabo estaba fuera de cuestión. Por lo tanto, solo se leyeron unos pocos pasajes.
Tras esto vino la elección del Comité de Asuntos. Gokhale me llevó a las reuniones del Comité.
Sir Pherozeshah había aceptado por supuesto admitir mi propuesta, pero yo me preguntaba quién la presentaría ante el Comité de Asuntos y cuándo. Pues había largos discursos para cada resolución, todos en inglés además, y cada resolución contaba con algún líder conocido que la respaldaba.
La mía no era más que una débil flauta en medio de aquellos tambores veteranos, y al caer la noche, mi corazón latía deprisa. Las resoluciones que llegaban al final, por lo que puedo recordar, se despachaban a una velocidad de vértigo. Todo el mundo tenía prisa por irse. Eran las once.
No tuve el valor de hablar. Ya me había encontrado con Gokhale, quien había examinado mi resolución. Así que me acerqué a su silla y le susurré:
«Por favor, haga algo por me».
Él respondió:
«Tengo muy presente tu resolución. Ya ves cómo están despachando las resoluciones. Pero no permitiré que la tuya pase por alto».