El mundo depende para su existencia del acto de la generación, y como el mundo es el campo de juego de Dios y un reflejo de Su gloria, el acto de la generación debe ser controlado para el crecimiento ordenado del mundo. Quien comprende esto controlará su lujuria a cualquier precio, se proveerá de los conocimientos necesarios para el bienestar físico, mental y espiritual de su progenie, y legará el beneficio de ese conocimiento a la posteridad.
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