En nuestro país experimentamos esto a cada paso. Algunos de los llamados fideicomisos religiosos han dejado de rendir cuentas. Los fideicomisarios se han convertido en los dueños y no responden ante nadie.
No tengo la menor duda de que lo ideal es que las instituciones públicas vivan, como la naturaleza, al día.
La institución que no logra ganarse el apoyo del público no tiene derecho a existir como tal.
Las suscripciones que una institución recibe anualmente son una prueba de su popularidad y de la honestidad de su gestión; y soy de la opinión de que toda institución debería someterse a esa prueba.
Pero que nadie me malinterprete. Mis observaciones no se aplican a los organismos que no pueden, por su propia naturaleza, gestionarse sin edificios permanentes. Lo que quiero decir es que los gastos corrientes deberían cubrirse con las suscripciones recibidas voluntariamente de año en año.
Estas opiniones se confirmaron durante los días del satyagraha en Sudáfrica.
Esa magnífica campaña, que se extendió a lo largo de seis años, se llevó a cabo sin fondos permanentes, a pesar de que se necesitaban lakhs de rupias para ella.
Puedo recordar épocas en las que no sabía qué pasaría al día siguiente si no llegaban suscripciones. Pero no me adelantaré a los acontecimientos futuros. El lector encontrará que la opinión expresada más arriba queda ampliamente respaldada en la siguiente narración.