querido. Pero pude ver que todos mis pasos anteriores habían conducido a esa meta. Había reducido mis cuantiosos gastos domésticos en Johannesburgo e ido a Phoenix para tomar, por decirlo así, el voto de brahmacharya.
El conocimiento de que la observancia perfecta del brahmacharya significa la realización del brahmacharya radica en la protección del cuerpo, la mente y el alma. Pues el brahmacharya ya no era un proceso de dura penitencia, sino un asunto de consuelo y alegría. Cada día revelaba una nueva belleza en él.
Pero si era cuestión de un gozo cada vez mayor, que nadie crea que me resultó una cosa fácil. Incluso cuando ya he pasado los cincuenta y seis años, me doy cuenta de lo difícil que es. Cada día comprendo más y más que es como caminar sobre el filo de una espada, y veo a cada momento la necesidad de una vigilancia eterna.
El control del paladar es el primer requisito indispensable en la observancia del voto. Descubrí que el control absoluto del paladar facilitaba enormemente dicha observancia, por lo que a partir de entonces continué con mis experimentos dietéticos no solo desde el punto de vista vegetariano, sino también desde la perspectiva del brahmachari. Como resultado de estos experimentos, comprendí que la comida del brahmachari debía ser limitada, sencilla, sin especias y, de ser posible, cruda.
Seis años de experimentos me han demostrado que el brahmacharya no requirió ningún esfuerzo por mi parte en Sudáfrica cuando vivía únicamente de frutas y frutos secos. Ha sido motivo de un esfuerzo muy grande desde que empecé a tomar leche. Cómo tuve que volver a la leche a partir de una dieta de frutas se considerará en su debido lugar. Basta con señalar aquí que no me cabe la menor duda de que las dietas lácteas dificultan la observancia del voto de brahmacharya.