hombres. Comprendí que la verdadera función de un abogado era unir a las partes enemistadas. La lección se grabó de forma tan indeleble en mí que una gran parte de mi tiempo durante los veinte años de ejercicio como abogado la dediqué a lograr acuerdos privados en cientos de casos. No perdí nada con ello—ni siquiera dinero, y desde luego tampoco mi alma.
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XIV. Preparación para el caso
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