El Proyecto de Ley aún no se había publicado oficialmente como ley.
Me encontraba en un estado muy débil, pero cuando recibí una invitación desde Madrás decidí correr el riesgo del largo viaje. Por entonces no podía alzar lo suficiente la voz en las reuniones.
La incapacidad de dirigirme a las reuniones de pie aún persiste. Todo mi cuerpo temblaba y comenzaban fuertes palpitaciones al intentar hablar de pie durante cualquier período prolongado.
Jamás me he sentido un extraño en el sur.
Gracias a mi labor en Sudáfrica, sentía que tenía una especie de derecho especial sobre los tamiles y los telugus, y las buenas gentes del sur nunca desmintieron mi creencia.
La invitación había llegado bajo la firma del difunto Sjt. Kasturi Ranga Iyengar. Pero el hombre detrás de la invitación, como supe más tarde en camino a Madrás, era Rajagopalachari. Podría decirse que este fue mi primer contacto con él; en cualquier caso, esta fue la primera vez que llegamos a conocernos personalmente.
Rajagopalachari se había mudado por entonces, hacía poco tiempo, de Salem para establecerse y ejercer la abogacía en Madrás ante la insistencia apremiante de amigos como el difunto Sjt. Kasturi Ranga Iyengar, y con el propósito de tomar una parte más activa en la vida pública. Fue en su casa donde nos habíamos hospedado en Madrás. Este descubrimiento lo hice solo después de habernos alojado con él durante un par de días. Pues, dado que el bungaló en el que nos hospedábamos pertenecía a Sjt. Kasturi Ranga Iyengar, yo tenía la impresión de que éramos huéspedes suyos. Mahadev Desai, sin embargo, me sacó del error. Muy pronto entabló una estrecha amistad con Rajagopalachari, quien, debido a su timidez innata,