Gokhale me examinó minuciosamente, como un maestro de escuela examinaría a un candidato que solicita la admisión en un colegio. Me dijo a quién debía acudir y cómo acercarme a ellos. Me pidió echar un vistazo a mi discurso. Me enseñó el colegio, me aseguró que estaba siempre a mi disposición, me pidió que le hiciera saber el resultado de la entrevista con el Dr. Bhandarkar y me despidió con una alegría desbordante. En la esfera de la política, el lugar que Gokhale ocupó en mi corazón durante su vida y que ocupa incluso ahora fue y es absolutamente único.
El Dr. Bhandarkar me recibió con la calidez de un padre. Era mediodía cuando lo visité. El hecho mismo de que estuviera ocupado viendo gente a esa hora le agradó enormemente a este sabio incansable, y mi insistencia en que un hombre independiente presidiera la reunión contó con su pronta aprobación, la cual expresó con la exclamación espontánea: «Eso es», «Eso es».
Tras haberme escuchado, dijo:
«Cualquiera le dirá que yo no participo en política. Pero no puedo negarme a usted. Su causa es tan sólida y su laboriosidad es tan admirable que no puedo declinar tomar parte en su reunión. Hizo bien en consultar a Tilak y a Gokhale. Por favor, dígales que me encantará presidir el acto que se celebrará bajo los auspicios conjuntos de ambas Sabhas. No necesita consultarme la hora de la reunión. Cualquier hora que les vaya bien a ellos me irá bien a mí».
Con esto se despidió de mí con felicitaciones y bendiciones.
Sin más preámbulos, este erudito y desinteresado grupo de trabajadores en Poona celebró una reunión en un modesto lugarcito y me despidió regocijado y con mayor confianza en mi misión.