Contactos europeos íntimos
Este capítulo me ha traído a una etapa en la que me es necesario explicar al lector cómo está escrita esta historia semana tras semana.
Cuando comencé a escribirlo, no tenía ningún plan definido ante mí. No tengo ningún diario ni documentos en los que basar la historia de mis experimentos.
Escribo tal como el Espíritu me guía en el momento de escribir. No pretendo saber con certeza que todo pensamiento y acción consciente de mi parte sean dirigidos por el Espíritu.
Pero al examinar los pasos más grandes que he dado en mi vida, así como aquellos que puedan considerarse los menores, creo que no será inadecuado decir que todos ellos fueron dirigidos por el Espíritu.
No le he visto, ni le he conocido. He hecho mía la fe del mundo en Dios, y como mi fe es indeleble, considero que esa fe equivale a la experiencia.
Sin embargo, como se puede decir que describir la fe como experiencia es adulterar la verdad, quizás sea más correcto afirmar que no tengo palabras para caracterizar mi creencia en Dios.
Quizá ahora sea un tanto fácil comprender por qué creo que estoy escribiendo esta historia tal como el Espíritu me lo inspira. Cuando comencé el último capítulo le puse el encabezado que le he dado a este, pero mientras lo escribía, me di cuenta de que antes de narrar mis experiencias con los europeos, debía escribir algo a modo de prefacio. Así lo hice y cambié el encabezado.