Fin de la Satyagraha de Kheda
La campaña llegó a un fin inesperado. Era evidente que la gente estaba agotada, y dudaba en permitir que los inflexibles fueran conducidos a la ruina total. Estaba buscando alguna manera elegante de terminar la lucha que fuera aceptable para un satyagrahi.
Tal solución apareció de manera totalmente inesperada. El Mamlatdar del Taluk de Nadiad me mandó decir que, si los Patidars acomodados pagaban, a los más pobres se les concedería la suspensión. Pedí un compromiso por escrito al respecto, el cual me fue entregado.
Pero como un Mamlatdar solo podía ser responsable de su Taluk, le pregunté al Colector, el único que podía dar un compromiso con respecto a todo el distrito, si el compromiso del Mamlatdar era válido para todo el distrito. Él respondió que ya se habían emitido órdenes declarando la suspensión en los términos de la carta del Mamlatdar.
Yo no lo sabía, pero si era un hecho, la promesa del pueblo se había cumplido. La promesa, como se recordará, tenía el mismo objetivo, y por lo tanto nos dimos por satisfechos con las órdenes.
Sin embargo, el final estuvo lejos de hacerme sentir feliz, por cuanto carecía de la gracia con la que debería ir acompañada la conclusión de toda campaña de satyagraha. El recaudador actuó como si no hubiera hecho nada en pro de un acuerdo. A los pobres se les concedería la suspensión [del impuesto], pero apenas ninguno obtuvo el beneficio de ella. Era derecho del pueblo determinar quién era pobre, pero no pudieron ejercerlo. Me entristeció que no tuvieran la fuerza para ejercer ese derecho. Por