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nydus/The Story of My Experiments with TruthPublic
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V

Los sufrimientos de los pasajeros de tercera clase se deben sin duda a la prepotencia de las autoridades ferroviarias.

Pero la grosería, los hábitos sucios, el egoísmo y la ignorancia de los propios pasajeros no tienen menor culpa.

Lo lamentable es que a menudo no se dan cuenta de que se están comportando mal, con suciedad o con egoísmo. Creen que todo lo que hacen entra dentro del orden natural de las cosas.

Todo esto puede achacarse a la indiferencia que nosotros, los «educados», mostramos hacia ellos.

Llegamos a Kalyan muertos de cansancio. Maganlal y yo conseguimos un poco de agua de la tubería de la estación y nos bañamos. Mientras me disponía a arreglar lo necesario para el baño de mi esposa, el Sr. Kaul, de la Sociedad de Siervos de la India, al reconocernos, se acercó. Él también iba a Pune. Se ofreció a llevar a mi esposa al baño de segunda clase. Dudé en aceptar tan cortés ofrecimiento. Sabía que mi esposa no tenía derecho a hacer uso del baño de segunda clase, pero al final pasé por alto la incorrección.

Esto, bien lo sé, no es propio de un devoto de la verdad. No es que mi esposa estuviera deseosa de usar el baño, sino que la debilidad de un esposo por su mujer pudo más que su devoción por la verdad. El rostro de la verdad se oculta tras el velo dorado de la maya, dice la Upanishad.

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