despilfarraba mensualmente en especulaciones, se salvó. No se pudo salvar todo, porque los deshonestos aún seguían practicando su oficio. Pero ahora era posible que el hombre honesto conservara su honestidad.
He de decir que, aunque estos oficiales eran tan malos, no tenía nada contra ellos en lo personal. Ellos mismos lo sabían, y cuando se veían en apuros y se acercaban a mí, yo también los ayudaba. Tenían la oportunidad de ser contratados por la Municipalidad de Johannesburgo en caso de que yo no me opusiera a la propuesta. Un amigo de ellos me vio al respecto y accedí a no frustrárselo, y lo lograron.
Esta actitud mía tranquilizaba por completo a los funcionarios con quienes entraba en contacto, y aunque a menudo tenía que luchar con su departamento y usar un lenguaje enérgico, seguían siendo muy amigos míos. Por entonces no era muy consciente de que tal comportamiento formaba parte de mi naturaleza. Aprendí más tarde que era una parte esencial del satyagraha y un atributo de la ahimsa.
El hombre y su obra son dos cosas distintas. Mientras que una buena obra debe suscitar aprobación y una mala obra desaprobación, el autor de la obra, ya sea buena o mala, siempre merece respeto o compasión según sea el caso.
«Odia el pecado y no al pecador» es un precepto que, aunque bastante fácil de entender, rara vez se practica, y por eso el veneno del odio se propaga en el mundo.
Esta ahimsa es la base de la búsqueda de la verdad. Cada día me doy cuenta de que la búsqueda es en vano a menos que se fundamente en la ahimsa como base. Es muy adecuado resistirse y atacar un sistema, pero resistirse y atacar a su autor equivale a resistirse y atacarse a uno mismo. Pues todos estamos