Penetrando las Aldeas
En la medida de lo posible, pusimos cada escuela bajo la responsabilidad de un hombre y una mujer.
Estos voluntarios debían encargarse de la asistencia médica y la higiene. Había que llegar a las mujeres a través de las mujeres.
La asistencia médica era un asunto muy sencillo. Aceite de ricino, quinina y pomada de azufre eran los únicos medicamentos que se proporcionaban a los voluntarios.
- Si el paciente presentaba la lengua saburral o se quejaba de estreñimiento, se le administraba aceite de ricino;
- en caso de fiebre, se administraba quinina tras una dosis purgante de aceite de ricino, y
- la pomada de azufre se aplicaba en caso de diviesos y sarna después de lavar a fondo las partes afectadas.
A ningún paciente se le permitía llevarse ningún medicamento a casa.
Siempre que surgía alguna complicación, se consultaba al Dr. Dev. El Dr. Dev solía visitar cada centro ciertos días fijos de la semana.
Un buen número de personas se valieron de este sencillo alivio. Este plan de trabajo no parecerá extraño si se recuerda que las dolencias predominantes eran pocas y susceptibles de un tratamiento simple, que de ningún modo requería ayuda experta.