Me dispuse entonces a marchar a Shantiniketan. En la víspera de mi partida, Gokhale organizó una reunión con un grupo reducido de amigos, cuidando muy bien de encargar los refrigerios de mi agrado, es decir, frutas y frutos secos.
La reunión se celebró a pocos pasos de su habitación y, sin embargo, él apenas estaba en condiciones de cruzar y asistir. Pero su afecto por mí pudo más e insistió en venir. Vino, pero se desmayó y tuvieron que llevárselo. Aquellos desmayos no eran algo nuevo para él, así que, cuando volvió en sí, mandó decir que debíamos continuar con la reunión.
Esta fiesta no era, por supuesto, más que un conversazione en el espacio abierto enfrente de la casa de huéspedes de la Sociedad, durante el cual los amigos mantenían charlas íntimas mientras tomaban un refrigerio ligero a base de cacahuetes, dátiles y frutas frescas de temporada.
Pero aquel desmayo no iba a ser un acontecimiento cualquiera en mi vida.