Debo reducirme a cero. Mientras un hombre no se coloque por su propia voluntad en el último lugar entre sus semejantes, no habrá salvación para él. La Ahimsa es el límite extremo de la humildad.
Al despedirme del lector, al menos por el momento, le pido que se una a mí en oración al Dios de la Verdad para que me conceda la gracia de la Ahimsa en el pensamiento, la palabra y la obra.