amo en el momento de necesidad de este último? ¿No era acaso deber del esclavo, que aspiraba a ser libre, hacer de la necesidad del amo su propia oportunidad? Este argumento no logró persuadirme entonces. Yo conocía la diferencia de estatus entre un indio y un inglés, pero no creía que hubiéramos quedado reducidos del todo a la esclavitud. Sentía entonces que era más culpa de los funcionarios británicos individuales que del sistema británico y que podíamos convertirlos mediante el amor. Si queríamos mejorar nuestro estatus a través de la ayuda y la cooperación de los británicos, era nuestro deber ganarnos su ayuda apoyándoles en su hora de necesidad. Aunque el sistema era defectuoso, no me parecía intolerable, como lo es hoy. Pero si, habiendo perdido la fe en el sistema, me niego a cooperar con el Gobierno británico hoy en día, ¿cómo podrían hacerlo entonces aquellos amigos, habiendo perdido la fe no solo en el sistema sino también en los funcionarios?
Los amigos de la oposición sintieron que esa era la hora de hacer una declaración audaz de las demandas indias y de mejorar el estatus de los indios.
Pensé que la necesidad de Inglaterra no debía convertirse en nuestra oportunidad, y que era más digno y clarividente no presionar nuestras demandas mientras durara la guerra. Por lo tanto, mantuve mi consejo e invité a quienes quisieran a alistarse como voluntarios. Hubo una buena respuesta, y prácticamente todas las provincias y todas las religiones estuvieron representadas entre los voluntarios.
Escribí una carta a lord Crewe, poniéndole al tanto de estos hechos y manifestando nuestra disposición a recibir formación para el servicio de ambulancias, si eso se consideraba una condición previa para la aceptación de nuestro ofrecimiento.