y expeditivo»—estas fueron, en esencia, las palabras de Maulana Hasrat Mohani. Aun mientras lo escuchaba, sentí que sería necesario algo nuevo, además del boicot a la ropa extranjera. Un boicot inmediato a la ropa extranjera también me parecía una clara imposibilidad en ese momento. Por entonces no sabía que podíamos, si lo deseábamos, producir suficiente khadi para todas nuestras necesidades de vestimenta; esto fue solo un descubrimiento posterior. Por otro lado, ya sabía entonces que, si dependíamos únicamente de las fábricas para lograr el boicot de la ropa extranjera, seríamos traicionados. Todavía me encontraba en medio de este dilema cuando el Maulana concluyó su discurso.
Me hallaba en desventaja por la falta de palabras adecuadas en hindi o urdu. Esta era mi primera ocasión para pronunciar un discurso argumentativo ante un público compuesto especialmente por musulmanes del Norte. Había hablado en urdu en la Liga Musulmana de Calcuta, pero solo por unos minutos, y el discurso pretendía ser únicamente un llamado emotivo a la audiencia.
Aquí, por el contrario, me enfrentaba a un público crítico, si no hostil, ante el cual tenía que explicar y hacer comprender mi punto de vista. Pero había dejado de lado toda timidez. No estaba allí para pronunciar un discurso en el urdu impecable y pulido de los musulmanes de Delhi, sino para exponer ante los presentes mis puntos de vida en el hindi entrecortado del que pudiera valer verme.
Y en esto tuve éxito. Esta reunión me ofreció una prueba directa del hecho de que solo el hindi-urdu podía convertirse en la lingua franca de la India. De haber hablado en inglés, no habría producido la impresión que causé en el público, y es posible que el Maulana no se hubiera visto en la necesidad de lanzar su desafío. Tampoco, de haberlo lanzado, habría podido aceptarlo de manera efectiva.