Aunque noté este defecto, temía que la humildad dejara de ser humildad en el momento en que se convirtiera en materia de voto. La verdadera connotación de la humildad es la autoanulación. La autoanulación es moksha (salvación) y, si bien no puede ser una observancia por sí misma, puede haber otras observancias necesarias para alcanzarla. Si los actos de un aspirante a moksha o de un servidor no tienen humildad ni desinterés, no hay anhelo de moksha o de servicio. El servicio sin humildad es egoísmo y egolatría.
Por entonces había en nuestro grupo unos trece tamiles.
Cinco jóvenes tamiles me habían acompañado desde Sudáfrica, y el resto procedía de distintas partes del país.
Éramos en total unas veinticinco personas, entre hombres y mujeres.
Así fue como se fundó el Ashram. Todos tomaban sus alimentos en una cocina común y se esforzaban por vivir como una sola familia.