Ubicación en llamas
Aunque a mis compañeros y a mí se nos relevó del cuidado de los pacientes, aún quedaban muchas cosas derivadas de la peste negra de las que ocuparse.
Me he referido a la negligencia de la Municipalidad respecto a la localidad. Pero estaba muy despierta en lo que concernía a la salud de sus ciudadanos blancos. Había gastado grandes sumas para la conservación de la salud de estos y ahora derrochaba el dinero a manos llenas para erradicar la peste.
A pesar de los muchos pecados de omisión y comisión contra los indios de los que había responsabilizado a la Municipalidad, no pude evitar encomiar su solicitud hacia los ciudadanos blancos, y le presté toda la ayuda que pude en sus loables esfuerzos.
Tengo la impresión de que, de haber retenido mi cooperación, la tarea habría sido más difícil para la Municipalidad, y esta no habría dudado en usar la fuerza armada y hacer lo peor.
Pero todo eso fue evitado. Las autoridades municipales quedaron complacidas con el comportamiento de los indios, y gran parte del trabajo futuro relacionado con las medidas contra la peste se simplificó. Utilicé toda la influencia que pude ejercer sobre los indios para hacer que se sometieran a los requisitos del Municipio. No fue nada fácil para los indios llegar tan lejos, pero no recuerdo que nadie haya resistido mi consejo.