“Sabes que tengo una imprenta. Lo más probable es que pueda ir, ¿pero puedo dar mi respuesta definitiva por la noche? Lo hablaremos durante nuestro paseo vespertino”.
Me sentía encantado. Tuvimos la charla. Él accedió a ir. El salario no era una consideración para él, ya que el dinero no era su móvil. Pero se fijó un sueldo de 10 libras al mes y una parte de las beneficios, si los hubiera.
Al día siguiente mismo, el señor West partió hacia Durban en el correo de la tarde, confiándome el cobro de sus deudas. Desde ese día hasta el momento en que abandoné las costas de Sudáfrica, siguió siendo compañero de mis alegrías y tristezas.
El señor West pertenecía a una familia campesina de Louth (Lincolnshire). Había recibido una educación escolar ordinaria, pero había aprendido mucho en la escuela de la experiencia y a base de superación personal. Siempre lo he conocido como un inglés íntegro, sobrio, temeroso de Dios y humano.
Sabremos más de él y de su familia en los capítulos siguientes.