norte. Dio con el sitio actual. Su cercanía a la Cárcel Central de Sabarmati constituía para mí un atractivo especial. Como ir a la cárcel se consideraba la suerte normal de los satyagrahis, me gustaba esta ubicación. Y sabía que los lugares seleccionados para las cárceles suelen tener un entorno limpio.
En unos ocho días se efectuó la venta. No había ningún edificio en el terreno ni ningún árbol. Pero su situación a la orilla del río y su soledad eran grandes ventajas.
Decidimos empezar viviendo bajo lona, y teniendo un cobertizo de hojalata como cocina, hasta que se construyeran las casas permanentes.
El Ashram había ido creciendo lentamente. Ya éramos más de cuarenta almas, entre hombres, mujeres y niños, que hacíamos nuestras comidas en una cocina común. Toda la concepción del traslado fue mía; la ejecución, como de costumbre, quedó a cargo de Maganlal.
Nuestras dificultades, antes de que tuviéramos una vivienda permanente, fueron grandes. Las lluvias eran inminentes, y había que conseguir provisiones de la ciudad a cuatro millas de distancia. El terreno, que había sido un yermo, estaba infestado de serpientes, y no era pequeño el riesgo de vivir con niños pequeños bajo tales condiciones. La regla general era no matar a las serpientes, aunque confieso que ninguno de nosotros se había despojado del miedo a estos reptiles, ni lo hemos hecho aún ahora.
La regla de no matar reptiles venenosos se ha practicado en su mayor parte en Phoenix, Tolstoy Farm y Sabarmati. En cada uno de estos lugares tuvimos que establecernos en terrenos baldíos. Sin embargo, no hemos tenido ninguna pérdida de vida ocasionada por mordeduras de serpiente.