“Por supuesto que usted está ahí. Pero Gandhi es nuestro hombre. Él conoce nuestro idioma y nos entiende. Después de todo, ustedes son
El sahib ordenó a Tyeb Sheth que me llevara ante su presencia. Fui ante el sahib en compañía de Tyeb Sheth y otros. No nos ofrecieron asientos, nos tuvieron de pie.
—¿Qué te trae por aquí? —dijo el sahib, dirigiéndose a mí.
—He venido aquí a petición de mis compatriotas para ayudarles con mi consejo —respondí.
“Pero, ¿no sabe usted que no tiene ningún derecho a venir aquí? El permiso que posee le fue entregado por error. No se le puede considerar un indio domiciliado. Debe regresar. No va a ver al señor Chamberlain. Es para la protección de los indios de aquí que el Departamento Asiático ha sido creado especialmente. Bueno, ya puede irse”.
Con esto se despidió de mí, sin darme oportunidad de replicar.
Pero detuvo a mis compañeros. Les dio una buena reprimenda y les aconsejó que me despidieran.
Regresaron mortificados. Ahora nos enfrentábamos a una situación inesperada.