Es mi firme convicción que el hombre no necesita tomar leche en absoluto, aparte de la leche materna que toma cuando es bebé.
Su dieta no debería consistir en otra cosa que en frutos secados al sol y frutos secos. Puede obtener suficiente alimento tanto para los tejidos como para los nervios a partir de frutas como las uvas y frutos secos como las almendras.
El dominio de las pasiones sexuales y de otro tipo se le vuelve fácil a un hombre que vive de tal alimento. Mis colaboradores y yo hemos comprobado por experiencia que hay mucha verdad en el refrán indio de que tal como el hombre come, así llega a ser.
Estas opiniones han sido expuestas detalladamente en el libro.
Pero desgraciadamente en la India me he visto en la obligación de desmentir algunas de mis teorías en la práctica.
Mientras participaba en la campaña de reclutamiento en Kheda, un error en la dieta me derribó y estuve a las puertas de la muerte. Intenté en vano reconstruir una constitución destrozada sin leche.
Busqué la ayuda de los médicos, vaidyas y científicos que conocía para que me recomendasur un sustituto de la leche. Algunos sugirieron agua de frijol mungo, otros aceite de mahua, otros leche de almendras. Consumí mi cuerpo experimentando con estas cosas, pero nada pudo ayudarme a levantarme del lecho de enfermo.
Los vaidyas me leyeron versos de Charaka para demostrar que los escrúpulos religiosos sobre la dieta no tienen cabida en la terapéutica. Así que no se podía esperar que me ayudaran a seguir viviendo sin leche. ¿Y cómo podían ayudarme aquellos que recomendaban caldo de carne y brandy sin dudarlo a perseverar en una dieta sin leche?
Puede que no tomara leche de vaca o de búfala, ya que estaba atado por un voto. El voto, por supuesto, significaba renunciar a todas las leches,