lo hubiera reducido a 3, independientemente de la oposición del Congreso. En cualquier caso, supuso un quebrantamiento de la confianza por parte del Gobierno indio. Como albacea del bienestar de la India, el virrey nunca debería haber aprobado este impuesto inhumano.
El Congreso no podía considerar como una gran conquista haber logrado reducir el impuesto de 25 a 3 libras. Aún persistía el lamento por no haber salvaguardado por completo los intereses de los indios bajo contrato. Su determinación de conseguir la anulación del impuesto se mantuvo siempre firme, pero pasaron veinte años antes de que dicha determinación se hiciera realidad. Y cuando se hizo realidad, fue el resultado del esfuerzo no solo de los indios de Natal, sino de todos los indios de Sudáfrica. La ruptura de la palabra dada al difunto señor Gokhale se convirtió en el motivo de la campaña final, en la cual los indios bajo contrato participaron plenamente; algunos de ellos perdieron la vida a consecuencia de los disparos a los que se recurrió, y más de diez mil sufrieron prisión.
Pero al fin triunfó la verdad. Los sufrimientos de los indios fueron la expresión de esa verdad. Sin embargo, no habría triunfado de no ser por la fe inquebrantable, la gran paciencia y el esfuerzo incesante.
Si la comunidad hubiera abandonado la lucha, si el Congreso hubiera renunciado a la campaña y se hubiera sometido al impuesto como algo inevitable, el odiado tributo se habría seguido recaudando a los indios contratados hasta el día de hoy, para eterna vergüenza de los indios en Sudáfrica y de toda la India.