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nydus/The Story of My Experiments with TruthPublic
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XXXIV

castigaba a mis muchachos, pero esta vez estaba muy enojado. Traté de razonar con él. Pero se mantuvo inflexible e incluso intentó aventajarme. Por fin tomé una regla que tenía a mano y le propiné un golpe en el brazo. Me temblaba la mano al golpearlo. Me atrevo a decir que él se dio cuenta. Esta fue una experiencia completamente nueva para todos ellos. El muchacho gritó y suplicó que lo perdonaran. No lloró porque la golpiza le fuera dolorosa; él habría podido, si se lo hubiera propuesto, pagarme con la misma moneda, ya que era un joven de complexión robusta de die7 años [nota mental: diecisiete]; pero comprendió el dolor que me causaba verme empujado a ese recurso violento. Nunca más después de este incidente volvió a desobedecerme. Pero todavía me arrepiento de esa violencia. Temo haber mostrado ante él ese día no el espíritu, sino la bestia que había en mí.

Siempre me he opuesto al castigo corporal. Solo recuerdo una ocasión en la que castigá físicamente a uno de mis hijos. Por lo tanto, hasta el día de hoy nunca he podido decidir si hice bien o mal al usar la regla.

Probablemente fue indebido, ya que estuvo motivado por la ira y el deseo de castigar. Si hubiera sido únicamente la expresión de mi angustia, lo habría considerado justificado. Pero en este caso el motivo fue mixto.

Este incidente me puso a pensar y me enseñó un método mejor para corregir a los estudiantes. No sé si ese método habría servido en la ocasión en cuestión. El muchacho pronto olvidó el incidente, y no creo que jamás haya mostrado una gran mejoría. Pero el incidente me hizo comprender mejor el deber de un maestro hacia sus alumnos.

Casos de mala conducta por parte de los muchachos ocurrieron a menudo después de esto, pero nunca recurrí al castigo corporal. Así, en

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