estaba anulada. Todas las grandes palabras, le parecía a Connie, estaban anuladas para su generación: amor, alegría, felicidad, hogar, madre, padre, marido, todas esas grandes y dinámicas palabras estaban medio muertas ya, y muriéndose día a día. El hogar era un lugar donde uno vivía, el amor era algo sobre lo cual uno no se hacía ilusiones, la alegría era una palabra que se aplicaba a un buen Charleston, la felicidad era un término de hipocresía usado para fanfarronear ante los demás, un padre era un individuo que disfrutaba de su propia existencia, un marido era un hombre con el que una vivía y al que mantenía con buen ánimo. En cuanto al sexo, la última de las grandes palabras, era tan solo un término de cóctel para una emoción que te espabilaba un rato, para luego dejarte más echa polvo que nunca. ¡Deshilachada! Era como si el material mismo del que estabas hecha fuera de mala calidad y se estuviera deshilachando hasta la nada.
Todo lo que en realidad quedaba era un estoicismo obstinado; y en eso había un cierto placer. En la experiencia misma de la vacuidad de la vida, fase tras fase, étape après étape, había una cierta satisfacción macabra. ¡Así que eso es todo! Siempre esta era la última expresión: el hogar, el amor, el matrimonio, Michaelis: ¡Así que eso es todo! —Y cuando uno muriera, las últimas palabras para la vida serían: ¡Así que eso es todo!—
¿Dinero? Tal vez no se pudiera decir lo mismo en ese terreno. Dinero, siempre hacía falta. Dinero, éxito, la perra diosa, como Tommy Dukes insistía en llamarlo, siguiendo a Henry James, eso era una necesidad permanente. Uno no podía gastarse el último céntimo y decir por fin: ¡Y se acabó!—No, si uno vivía aunque fuera otros diez minutos más, necesitaba unos céntimos más para esto o lo otro. Tan solo para mantener el negocio funcionando mecánicamente, uno necesitaba dinero. Tenía que tenerlo. El dinero hay que tenerlo. En realidad no hace falta tener nada más. ¡Y se acabó!—
Ya que, por supuesto, no es culpa tuya estar vivo. Una vez que estás vivo, el dinero es una necesidad, y la única necesidad absoluta. De todo lo