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nydus/Lady Chatterley’s LoverPublic
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IX

teatro; * y la otra raza, mucho menos vistosa, mucho más salvaje, la de los que le daban carne, la sustancia real del dinero. Los bien arreglados y vistosos perros de la diversión se peleaban y gruñían entre ellos por los favores de la perra-diosa. Pero no era nada comparado con la silenciosa lucha a muerte que se libraba entre los indispensables, los portadores

Pero bajo la influencia de la señora Bolton, Clifford se sintió tentado a entrar en esta otra lucha, a capturar a la perra diosa por los medios rudos de la producción industrial.

De algún modo, se armó de valor. De cierta manera, la señora Bolton hizo de él un hombre, como Connie jamás lo hizo. Connie lo mantenía aislado y lo hacía sensible y consciente de sí mismo y de sus propios estados.

La señora Bolton lo hacía consciente solo de las cosas exteriores. Por dentro empezó a ablandarse como la pulpa. Pero por fuera empezó a ser eficaz.

Aun se animó a ir a las minas una vez más: y cuando estuvo allí, bajó en una cubeta, y en una cubeta lo subieron a las galerías.

Cosas que había aprendido antes de la guerra, y que parecía haber olvidado por completo, le volvieron ahora a la memoria.

Se sentó allí, tullido, en una cubeta, mientras el jefe de explotaciones subterráneas le enseñaba la veta con una linterna potente. Y habló poco. Pero su mente empezó a funcionar.

Volvió a leer sus obras técnicas sobre la industria de la minería del carbón, estudió los informes gubernamentales y leyó con atención las últimas novedades sobre minería y la química del carbón y del esquisto que se habían escrito en alemán.

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