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nydus/Lady Chatterley’s LoverPublic
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XII

tocando más fondo, y ella era más y más y más profundamente revelada, y más pesadas las olas de su cuerpo se alejaban hacia alguna costa, desnudándola, y más y más cerca se hundía lo palpable desconocido, y más y más lejos rodaban las olas de sí misma apartándose de ella, abandonándola, hasta que de pronto, en una suave y estremecida convulsión, lo vivo de todo su plasma fue tocado, supo que la habían tocado, la consumación se había cumplido y ella había desaparecido. Había desaparecido, ya no era, y había nacido: una mujer.

¡Ah, demasiado hermoso, demasiado hermoso! En el reflujo, ella comprendió toda la hermosura.

Ahora todo su cuerpo se aferraba con tierno amor al hombre desconocido, y a ciegas al pene mustio, mientras este se retiraba con tanta ternura, tanta fragilidad, sin saberlo, tras la fiera embestida de su potencia.

Al salir y abandonar su cuerpo, aquella cosa secreta y sensible, ella lanzó un grito inconsciente de pura pérdida, y trató de volver a ponérselo. ¡Había sido tan perfecto! ¡Y lo amaba tanto!

Y solo ahora cobró conciencia de la pequeña reticencia en forma de capullo y de la ternura del pene, y un pequeño grito de asombro y dolor volvió a escapársele, con su corazón de mujer exclamando ante la tierna fragilidad de aquello que había sido el poder.

“¡Fue tan hermoso!”, gimió ella. “¡Fue tan hermoso!”.

Pero él no dijo nada, solo la besó suavemente, permaneciendo inmóvil sobre ella. Y ella gimió con una especie de dicha, como un sacrificio, y una criatura recién nacida.

Y ahora en su corazón se había despertado la extraña maravilla de él. ¡Un hombre! ¡La extraña potencia de la virilidad sobre ella! Sus manos vagaron por su cuerpo, todavía un poco temerosas. Temerosas de esa cosa

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