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nydus/Lady Chatterley’s LoverPublic
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V

Él lo dijo casi con el brillo del triunfo, y Connie lo miró como si estuviera deslumbrada, y sin sentir en realidad absolutamente nada.

Apenas si se le cosquilleaba la superficie de la mente ante las perspectivas resplandecientes que él le ofrecía. Apenas si respondía su yo más exterior, que en cualquier otro momento se habría emocionado.

Simplemente no le provocaba ningún sentimiento, no lograba «excitarse». Se limitaba a estar sentada, mirando fija y deslumbradamente, y no sentía nada, solo que en alguna parte percibía el olor extraordinariamente desagradable de la perra de la diosa del éxito.

Mick estaba como en ascuas, inclinado hacia adelante en la silla, mirándola fijo casi de manera histérica; y si estaba más ansioso por vanidad de que ella dijera ¡Sí!, o si estaba más aterrorizado por el miedo de que ella dijera ¡Sí!⁠—, ¿quién podría decirlo?

“Tendría que pensarlo —dijo—. No sabría decirle ahora. A usted le podrá parecer que Clifford no cuenta, pero sí cuenta. Cuando uno piensa en lo incapacitado que está.⁠ ⁠…”

—¡Maldita sea! Si un tipo va a sacar provecho de sus discapacidades, ¡yo podría empezar a decir lo solitario que estoy, y lo he estado siempre, y toda esa sarta de pamplinas lacrimógenas! Maldita sea, si un tipo no tiene más que discapacidades para recomendarlo.⁠ ⁠…

Se volvió a un lado, metiendo y sacando las manos con furia en los bolsillos de los pantalones. Esa tarde le dijo a ella:

“Vienes a mi habitación esta noche, ¿verdad?

No tengo ni maldita idea de dónde está tu habitación”.

—¡De acuerdo! —dijo ella.

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