Dicen que del carbón de Tevershall no se pueden sacar los mismos productos químicos que del de Stacks Gate, y eso que hace gracia, no están a tres millas el uno del otro. Pero eso dicen.
Pero todo el mundo dice que es una lástima que no se pueda poner algo en marcha, para que los hombres sigan tirando un poco mejor y darle empleo a las muchachas. ¡Todas las muchachas yéndose a trote todos los días a Sheffield!
¡Vaya!, sería algo de qué hablar si las minas de Tevershall cobrasen nueva vida, después de que todo el mundo dice que están acabadas, y que son un barco que se hunde, y que los hombres deberían abandonarlas como las ratas abandonan un barco que se hunde. Pero la gente habla tanto.
Por supuesto que hubo un boom durante la guerra. Cuando sir Geoffrey se constituyó a sí mismo en fideicomiso y puso a buen recaudo el dinero para siempre, de algún modo. ¡Eso dicen! Pero dicen que ni siquiera los amos y los dueños le sacan mucho provecho ahora. ¡Cuesta creerlo, la verdad!
Por qué siempre creí que los Pozos seguirían por los siglos de los siglos. ¡Quién lo hubiera pensado, cuando era niña! Pero New England ha cerrado, y también Colwick Wood: sí, da verdadero terror cruzar ese bosquecillo y ver Colwick Wood ahí plantado, abandonado entre los árboles, con arbustos creciendo por todas partes en la boca del pozo y las vías rojas de óxido. Es como la muerte misma, una mina de carbón muerta. Dios mío, ¿qué haríamos si Tevershall cerrara?—ni pensarlo se puede. Siempre ese bullicio ha sido, excepto en las huelgas, y ni aun entonces se detenían las ruedas del ventilador, salvo cuando subían a los ponis. Estoy segura de que es un mundo extraño, uno no sabe dónde está de un año para otro, la verdad que no.