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nydus/Lady Chatterley’s LoverPublic
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XIV

Estaba encorvado, abrochándose los cordones de las botas, y no respondió. Los momentos pasaron.

Una penumbra se apodero de ella, como un desmayo. Toda su conciencia murió, y se quedó allí con los ojos muy abiertos, mirándolo desde lo desconocido, sin saber ya nada.

Él levantó la vista, a causa del silencio, y la vio con los ojos abiertos de par en par y perdida. Y como si un viento lo zarandeara se levantó y se arrastró cojeando hasta ella, con un zapato puesto y otro quitado, y la tomó en sus brazos, apretándola contra su cuerpo, que de algún modo se sentía dolido hasta la médula. Y allí la sostuvo, y allí ella se quedó.

Hasta que sus manos bajaron a tientas y la buscaron, y palparon bajo la ropa hasta dar con su piel tersa y cálida.

“¡Mi muchacha!”, murmuró. “¡Mi pequeña muchacha! ¡No peleemos! ¡No peleemos nunca! Te amo y amo el tacto de ti. ¡No discutas conmigo! ¡No! ¡No! ¡No! Estemos juntos”.

Ella levantó el rostro y lo miró.

—No te disgustes —dijo con firmeza—. De nada sirve disgustarse. ¿De verdad quieres estar conmigo?

Ella lo miró a la cara con ojos grandes y firmes.

Él se detuvo y se quedó inmóvil de repente, apartando el rostro. Todo su cuerpo quedó perfectamente inmóvil, pero no se retiró.

Luego levantó la cabeza y la miró a los ojos, con su extraña sonrisa levemente burlona, diciendo:

«¡Ay, ay! Juremos estar siempre juntos».

«¿Pero de verdad?», dijo, con los ojos llenos de lágrimas.

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