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nydus/Lady Chatterley’s LoverPublic
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V

Su momento de emoción pura con los dos Chatterley, cuando simplemente se llevó de calle a Connie y a Clifford, fue uno de los momentos cumbres de la vida de Michaelis. Había triunfado: los había embelesado. Hasta Clifford estuvo temporalmente enamorado de él… si es que así se puede expresar.

Así que a la mañana siguiente Mick estaba más inquieto que nunca: desasosegado, consumido, con las manos inquietas en los bolsillos del pantalón. Connie no lo había visitado en la noche… y él no había sabido dónde encontrarla. ¡Coquetería!… en su momento de triunfo.

Subió a su salita por la mañana. Ella sabía que vendía. Y su inquietud era evidente. Le preguntó por su obra... ¿creía que era buena? Tenía que oírla alabar: eso le producía la última y sutil emoción de pasión, por encima de cualquier orgasmo sexual. Y ella la alabó con entusiasmo. Sin embargo, todo el tiempo, en el fondo de su alma, ella sabía que no era nada.

—¡Mira! —dijo de pronto al fin—. ¿Por qué tú y yo no ponemos las cartas sobre la mesa? ¿Por qué no nos casamos?

—Pero estoy casada —dijo asombrada, y sin embargo sin sentir nada.

“¡Eso!… claro que se divorciará de ti… ¿Por qué no nos casamos tú y yo? Yo quiero casarme. Sé que sería lo mejor para mí… casarme y llevar una vida ordenada. Llevo una vida de mil demonios, destrozándome por completo. Mira, tú y yo estamos hechos el uno para la otra… uña y carne. ¿Por qué no nos casamos? ¿Ves alguna razón por la que no debamos hacerlo?”

Connie lo miró asombrada: y, sin embargo, no sentía nada. Estos hombres, eran todos iguales, se olvidaban de todo. Simplemente salían disparados desde lo alto de sus cabezas como si fueran petardos, y esperaban que a una la llevaran hacia los cielos junto con sus propias varitas delgadas.

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