“No lo son, por supuesto”, interrumpió Berry, un joven moreno y tímido que había pasado a ver a Dukes y se quedaba a dormir.
Todos lo miraron como si el asno hubiera hablado.
—No hablaba del conocimiento... hablaba de la vida mental —se rio Dukes—. El verdadero conocimiento surge de todo el corpus de la conciencia; tanto del vientre y del pene como del cerebro y la mente. La mente solo puede analizar y racionalizar. Poned que la mente y la razón manden sobre el resto, y lo único que pueden hacer es criticar y crear un estado de muerte. Digo que lo único que pueden hacer. Es sumamente importante. ¡Dios mío, el mundo necesita ser criticado hoy en día...! criticado hasta la muerte. Vivamos, por tanto, la vida mental, y gocemos de nuestro rencor, y desnudemos el viejo y podrido espectáculo. Pero, ojo, la cosa es así: mientras vives tu vida, eres de algún modo un todo orgánico con toda la vida. Pero en cuanto inicias la vida mental, arrancas la manzana. Has cortado la conexión entre la manzana y el árbol: la conexión orgánica. Y si no tienes otra cosa en la vida que la vida mental, entonces tú mismo eres una manzana arrancada... te has caído del árbol. Y entonces es una necesidad lógica ser rencoroso, del mismo modo que es una necesidad natural que una manzana arrancada se pudra.
Clifford abrió desmesuradamente los ojos: todo aquello le parecía una tontería. Connie se rio para sus adentros en secreto.
—Pues bien, todos somos manzanas arrancadas —dijo Hammond, con bastante acidez y petulancia.
—Así que hagamos sidra de nosotros mismos —dijo Charlie.
—Pero ¿qué opina del bolchevismo? —intervino el Berry moreno, como si todo hubiera conducido a ello.
—¡Bravo! —rugió Charlie—. ¿Qué opinas del bolchevismo?
—¡Venga! ¡Acabemos de una vez con el bolchevismo! —dijo Dukes.