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nydus/Lady Chatterley’s LoverPublic
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XVII

No había ni una sola palabra sobre ella, ni para ella. A Connie le molestaba aquello. Bien podría haber dicho unas cuantas palabras de consuelo o de tranquilidad. Pero sabía que la estaba dejando en libertad, en libertad para regresar a Wragby y a Clifford. Eso también le molestaba. No hacía falta que fuera tan falsamente caballeroso. Habría deseado que le hubiera dicho a Clifford: «¡Sí, es mi amante y mi querida y estoy orgulloso de ello!». Pero su valor no le llegaba tan lejos.

¡Así que su nombre aparecía junto al de él en Tevershall!

Era un lío. Pero eso pronto se calmaría.

Estaba enojada, con la furia complicada y confusa que la dejaba inerte. No sabía qué hacer ni qué decir, así que no dijo ni hizo nada. Continuó en Venecia exactamente igual, saliendo a remar en góndola con Duncan Forbes, bañándose, dejando que los días se le escaparan.

Duncan, que había estado bastante deprimentemente enamorado de ella hacía diez años, volvía a estar enamorado de ella. Pero ella le dijo: «Solo quiero una cosa de los hombres, y es que me dejen en paz».

De modo que Duncan la dejó sola: en realidad, bastante complacido de poder hacerlo. Aun así, le ofrecía el caudal suave de una extraña e invertida especie de amor. Quería estar con ella.

—¿Has pensado alguna vez —le dijo un día— cuán poco están las personas conectadas unas con otras. ¡Mira a Daniele! Es hermoso como un hijo del sol. Pero mira cuán solo se ve en su hermosura. Y sin embargo apuesto a que tiene esposa y familia, y que de ningún modo podría alejarse de ellos.

—Pregúntale a él —dijo Connie.

Duncan lo hizo. Daniele dijo que estaba casado y que tenía dos hijos, ambos varones, de siete y nueve años. Pero no mostró ninguna emoción al respecto.

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