Todos los malos tiempos que ha habido nunca han sido capaces de apagar el azafrán silvestre: ni siquiera el amor de las mujeres. Así que no podrán apagar mi deseo de tenerte, ni el pequeño rescoldo que hay entre tú y nosotras. Estaremos juntos el año que viene. Y aunque tengo miedo, creo en el hecho de que estés conmigo. Un hombre tiene que ingeniárselas y arreglárselas para lo mejor, y luego confiar en algo más allá de sí mismo. No puedes asegurarte contra el futuro, excepto creyendo de verdad en lo mejor que hay en ti, y en el poder que hay más allá. Así que creo en la pequeña llama entre nosotros. Para mí ahora, es lo único que hay en el mundo. No tengo amigos, amigos íntimos no. Solo tú. Y ahora la pequeña llama es lo único que me importa en la vida. Está el bebé, pero eso es una cuestión secundaria. Es mi Pentecostés, la llama bífida entre tú y yo. El viejo Pentecostés no está del todo bien. Lo de Dios y yo es un poco pretencioso, de algún modo. Pero la pequeña llama bífida entre tú y yo: ¡ahí la tienes! A eso me atengo, y me astenré, a pesar de los Cliffords y las Berthas, de las compañías carboníferas, de los gobiernos y de la masa de gente del dinero”.
“Por eso no me gusta empezar a pensar en ti, en realidad. Solo me atormenta, y a ti no te hace ningún bien. No quiero que estés lejos de mí. Pero si empiezo a angustiarme, es un desperdicio de algo. > Paciencia, siempre paciencia. Este es mi cuarenta invierno. Y no puedo evitar todos los inviernos que han quedado atrás. Pero este invierno me aferraré a mi pequeña llama de Pentecostés y tendré algo de paz. Y no dejaré que el aliento de la gente la apague. Creo en un misterio superior, que no deja que ni siquiera el azafrán se apague soplándolo. Y si tú estás en Escocia y yo en las Tierras Medias, y no puedo rodearte con los brazos ni envolver mis piernas en torno a ti, aun así tengo algo de